Sobre mí -

Sobre mí

Joseba K[1]

Me llamo Joseba Palacios, nacido en Donostia – San Sebastián. Me considero un ciudadano del mundo, con una permanente inquietud de estar abierto a nuevas posibilidades de exploración y conocimiento, allá donde vaya, para inspirarme con ideas estimulantes. Me gusta mi trabajo de integrador social, sobre todo ayudar a las personas a no vivir con dificultad su sordera y acompañarlas para desarrollar su potencial explorando distintas vías de comunicación, con el fin de evitar su aislamiento.  

En los siguientes apartados puedes leer más sobre mí, sobre mi sordera y cómo he ido desarrollando mi vida con mis capacidades, para que me conozcas mejor. Espero que te sirva de inspiración y estimulo.  

 

DIAGNÓSTICO Y CAUSA

Desde los dos años de edad tengo una hipoacusia bilateral profunda, a raíz de haber contraído el sarampión, aunque no se sabe con certeza si ha sido la propia enfermedad o el fármaco para su tratamiento lo que pudo haber dañado el nervio auditivo. Sin embargo, mi sordera, de tipo neurosensorial, se diagnosticó cerca de cumplir el quinto año de vida, ya que mi familia y personas de mi entorno más próximo, si bien observaban ciertas anomalías en mi comportamiento, no lo asociaban a una posible pérdida auditiva.  

Tendía a reclamar atención con gestos, en vez de expresar con palabras, y mi evolución era distinta a la de los demás niños de mi edad.

 

LA SORDERA Y EL DESARROLLO DEL LENGUAJE

Lo importante aquí es que, la sordera, se produce a una edad en la que el desarrollo del lenguaje es determinante, teniendo en cuenta que los primeros 5 años de vida constituyen el período fundamental para la adquisición de las formas lingüísticas y de los contenidos, cuando tiene lugar la mayor velocidad de aprendizaje, y se adquiere los elementos básicos y sus significados. De modo que, al interrumpirse la adquisición natural del lenguaje, y tras su diagnóstico tardío,  se puede decir que es como si hubiese nacido sordo, teniendo en cuenta su repercusión posterior, en lo que se refiere al desarrollo cognitivo y lingüístico. Estamos hablando, por tanto, del periodo pre-lingual, en la que, los niños, en general, al acercarse a la edad de 18 meses, comienzan a hablar en frases de dos palabras, elevando a tres y cuatro palabras en el segundo año, comenzando a formar oraciones completas con sujeto, verbo y objeto.  

 

LA EDUCACIÓN,  LA  ESTIMULACIÓN AUDITIVA Y LA COMUNICACIÓN

Tan pronto como se tiene conocimiento de mi pérdida auditiva y considerando los posibles efectos para mi desarrollo cognitivo y lingüístico, así como el impacto que pudiera tener en las distintas áreas de mi vida personal, educativa, social, profesional.., en mi familia se adoptaron una serie de estrategias para establecer la comunicación conmigo, combinando la expresión gestual con la palabra, esto segundo a base de repetición y a un ritmo determinado, procurando mantener, en todo momento, la retroalimentación en la comunicación. Junto al trabajo fundamental de estimulación comunicativa en casa, asistía regularmente a sesiones de logopedia en un colegio específico de niños sordos, hasta los 11 años de edad. La prótesis auditiva, con una adecuada adaptación y continua revisión, fue también decisiva en la estimulación lo más temprana y activamente posible de la comunicación oral.

 

LA FAMILIA,  EL ENTORNO SOCIAL Y LA ACTITUD PROACTIVA

Al haber vivido en un ambiente familiar estimulante, y al exponerme a entablar contacto en diversos entornos, con otros niños de mi edad, generó en mí el deseo de adiestrar mi audición y de aprender a comunicarme de forma oral, convirtiéndome con el tiempo en una persona autodidacta. Gracias al estímulo recibido desde niño, siempre he explorado distintas posibilidades para acceder a la información, no sólo mediante la lectura de libros con apoyo, sino, también, entrenando la lectura labial y la audición, aprendiendo a identificar sonidos, a relacionar contextos en función de los registros lingüísticos y de mensajes no verbales, lo que me llevó, además,  a desarrollar la capacidad intuitiva.

 

LO QUE APRENDÍ Y MI VOCACIÓN

Mi educación como persona sorda en una familia de oyentes, basada en determinados paradigmas, ha sido el punto de partida esencial para comprender y ver las posibilidades de desarrollo de capacidades de las personas sordas. Los proyectos de trabajo y de investigación realizados durante mis años de estancia en EE UU, en el Centro Internacional de la Sordera de la Universidad Gallaudet (universidad para personas sordas), y mi actividad profesional con personas sordas de perfiles muy heterogéneos (edades, causas de la sordera, situaciones familiares y sociales, educación, uso de la lengua: oral / lengua de signos, tipos de intervención..), me han permitido ampliar el conocimiento de las distintas realidades y percepciones existentes en torno a las personas sordas y sus alternativas de comunicación. Toda esta riqueza de experiencias y de conocimientos me llevó a aprender la lengua de signos, las variaciones de uso que se hace de la misma, como son los sistemas artificiales llamados bimodales, así como los sistemas aumentativos y alternativos de la comunicación, atendiendo a distintos aspectos o características de la persona sorda o con pérdida auditiva.