La sordera, no como impedimento, sino como reconquista. -

La sordera, no como impedimento, sino como reconquista.

 

Como parte de mi vocación social, quiero compartir mi enfoque particular y vital, pensando en las personas que puedan buscar signos válidos para encauzar sus vidas de forma serena, fecunda y significativa.

Ante todo, tomar conciencia de la vida y la realidad siempre presentes en el SER.  Puedes ser sordo, puedes estar en desempleo, puedes estar llevando unas relaciones entre amigos o familiares que no están siendo todo lo fluidas que te gustaría que fuesen. Bien, pues todo esto, puede ser real en tu vida presente, no lo vamos a negar, porque si lo hacemos, estamos queriendo escapar incluso de nosotros mismos, lo cual no ayuda, más bien al contrario, nos predisponemos a vivir creando caparazones para no sentirnos heridos,  atacados o vulnerados. Queremos eliminar dolor e incomodad, tapando los hechos que, de una u otra manera, tienen que ver con esa parte de la historia personal que no nos agrada. Las preguntas que se me antojan, que proceden de una misma raíz, son las siguientes: ¿De qué estamos huyendo?; ¿Por qué queremos huir, negar o eludir esas realidades de nuestras vidas?; ¿Qué es lo que pasa por nuestras mentes para que adoptemos actitudes de huida constante?

Vamos a pensar por un momento, antes de llegar a la conciencia, de cuántas cosas, hechos, personas, acontecimientos, estamos continuamente escapando, porque no nos gustan y, sin embargo, están ineludiblemente presentes en nuestras vidas. ¿Qué creemos que está pasando mientras seguimos en esta línea? Pensemos detenidamente….

Lo primero de todo, la realidad es lo que es, y esto no cambia.  ¿No se puede hacer nada ante esta realidad? Yo diría que sí, y mucho más de lo que uno pueda creer o pensar.  La respuesta fundamental para procesar la realidad es la ACTITUD interna.  Con nuestra actitud, mediatizada, sobre todo, por interpretaciones que hacemos de las cosas, de las personas, y de la vida en general, nos condicionan a sentirnos bien o  mal con nosotros mismos, y lo peor de todo, es que podemos convertirlo en una constante en nuestras vidas, hasta llegar a culpabilizar a personas o causas externas de lo que nos pasa, en vez de revisar cuánto de verdad hay en todo lo que estamos procesando o interpretando de lo que está aconteciendo en nuestras vidas.  Si llegáramos a ver o darnos cuenta, de verdad, que muchos de nuestros males, enfermedades, depresiones, sufrimiento,.. proceden de nuestra actitud o, en definitiva, de cómo estamos procesando e interpretando la realidad que vivimos, estoy absolutamente seguro de que cambiaríamos de “chip” o de códigos de conducta que seguimos como patrones, con el fin de aligerar todo el peso que hemos cargado a nuestra existencia, de la que somos principales autores y responsables únicos.

Tomemos como referencia el ejemplo que nos puede ayudar a entender, la propia sordera o pérdida auditiva, porque, en mayor o menor grado, nos está afectando a la vida que llevamos.

El impacto emocional ante algo inesperado que nos altera el estado habitual en el que nos encontrábamos más o menos cómodamente, nos puede obnubilar la mente, reaccionando instintivamente de forma negativa ante la nueva realidad, agitándonos nuestra vida, cerrando de un bandazo toda expectativa o ilusión que pudiéramos haber estado albergando, como si fuera el fin del mundo.

Una forma constructiva, incluso productiva, cuando vislumbremos mínimamente que la situación de la vida personal va a cambiar es, antes que nada, intentar activar la toma de conciencia, vivir el proceso tomando el tiempo que uno necesita para asimilar, tratando de situar la perspectiva reconociendo la nueva realidad, comenzar con calma a conocer los propios recursos internos, y las posibilidades externas a nuestro alcance, para reconducir nuestra vida asumiendo la sordera con la mayor naturalidad posible. La primera acción a ejercitar es, no perder la perspectiva de quién soy, es decir el conocimiento que tengo de mi mismo, de mi propio SER, de los fundamentos sobre los que baso el sentido y la orientación de mi vida, de las motivaciones de fondo que siento para vivir, de mi fuerza vital, de las fuentes de inspiración que he de buscar y hallar para recuperar el pulso a mi vida y darle una nueva proyección.  Se trata de todo un ejercicio de creatividad, que necesita desplegarse sabiendo pedir ayuda oportunamente, entendiendo que, especialmente, en estas circunstancias, necesitamos del estímulo, el apoyo y el cariño de los que nos han acompañado siempre, así como estar abiertos a nuevas personas que vamos a encontrarnos que nos permitirán conocer y nos ayudarán a encauzar la vida, incluso con nuestra nueva amiga y acompañante, la sordera.

Nos hemos acostumbrado a forjar nuestra vida a partir de unas condiciones determinadas, con los “parámetros de normalidad” establecidos, como patrones generalizados, sin concebir otros distintos de los preconcebidos, lo que dificulta enormemente a percibir la complejidad que impregna la propia vida, limitándonos a desarrollar todo el potencial que tenemos las personas para poder afrontar los cambios que nos afectan de forma vital.

Basándome en mi propia experiencia de vertiginosos cambios, que me han llevado a revisar y replantear toda mi vida en más de una ocasión, cuestionando algo tan fundamental como es mi vocación personal en este mundo, marcado singularmente por la sordera, así como del conocimiento que tengo de otras personas que se han visto sorprendidas por la vorágine de circunstancias sobrevenidas, me revelan que el ser humano es muy adaptable a las situaciones cambiantes. Además, cuando éstos se producen, son momentos claves que, ineludiblemente, te llevan a tocar fondo, del que, sin lugar a dudas, puedes resurgir con una visión renovada, incluso más auténtica, de toda tu persona y de tu potencial, hasta el punto de lograr afinar la definición del enfoque vital y vocacional, en definitiva, te predispone al encuentro contigo mismo.

Hace unos días, en la recepción de un hotel en Valencia, durante el proceso de registro, le pedí al recepcionista que me repitiera parte de la información que no había logrado entender, indicándole que, por favor, me facilitara el poder leer los labios ya que soy sordo, pues el ruido ambiental me impedía escuchar bien a través de mis audífonos digitales. El recepcionista, sorprendido, me comentó que él tenía una pérdida auditiva bilateral de un 50% desde hace algunos años, que parece no haber ido en aumento, sin embargo, reconocía que tenía dificultades para escuchar, sobre todo, cuando conversaba con varias personas y que, en los ambientes relativamente ruidosos, solía perderse en los diálogos. Aprovechó para preguntarme de las características de mi sordera y de mi experiencia con los audífonos. Él me hablaba y se quejaba del “estigma” social existente con respecto a la sordera, y que no sucedía lo mismo con las personas que usan las gafas y, añadía que, mientras pudiera, trataría de evitar la posibilidad de tener que usar audífonos, porque no quería formar parte del estigma, además de pensar que podría ser un perjuicio para su trabajo si, por esa causa, sus superiores supiesen y decidiesen no contar más con él para los servicios profesionales que ha demostrado saber hacer en toda su trayectoria en el hotel.

No me sorprendía lo que me comentaba, conocía este tipo de argumentos, sin embargo, no consigo entender cómo un hombre como él, que me pareció inteligente y receptivo, pudiera hablarme de estigma, como preocupación aparentemente prioritaria. El hombre tenía un buen repertorio de excusas, no daba cauce a plantear su situación personal y laboral con argumentos y recursos que ayudarían a situar su vida de forma que pudiera ajustarse a su realidad.

Una vez más, nos encontramos ante un buen hombre que niega su situación, oculta una información que, de gestionarla con valentía y creatividad, sería, con toda seguridad, una buena solución tanto para él como para la empresa en la que trabaja.

Le sugerí que probase unos audífonos, que los hay de muchos diseños y tecnológicamente muy avanzados, además de que existen ayudas técnicas complementarias para uso personal, profesional y doméstico, que sería bueno que las conociera, algunas de las cuales, con gran versatilidad de uso tanto para personas con pérdida auditiva como oyentes.

Si ya tiene una trayectoria profesional en el hotel, y está bien valorado, no tenía por qué preocuparse en exceso de su repercusión al informar a sus superiores, pues simplemente se trata de ajustar su puesto de trabajo con determinados medios técnicos, y con ellos desarrollaría su actividad profesional sin afectar las competencias y habilidades que ha demostrado tenerlas, asegurando así la tranquilidad que necesita. Sin olvidar, por otra parte, el bien que haría con acciones de este tipo, pues son ocasiones en las que se muestra una actitud de disposición de búsqueda responsable de una solución adecuada a cada situación, como también sensibilizamos a los superiores y a las personas que, como él dice, estigmatizan la sordera. Todo ello, por ausencia de conocimiento real de las posibilidades, por falta de voluntad para explorarlas y, sobre todo, falta de confianza de uno mismo y de posicionamiento personal.

 

Autora imagen: Pilar Palacios Mitxelena

“Nunca te detengas”

 Autora imagen: Pilar Palacios Mitxelena

 

Nunca te detengas
 
“Siempre ten presente que: la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años.
Pero lo importante no cambia, tu fuerza y tu convicción no tienen edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña,
detrás de cada línea de llegada, hay una de partida;
detrás de cada logro, hay otro desafío.
Mientras estés vivo, siéntete vivo; si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas, sigue aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota;
cuando no puedas trotar, camina;
cuando no puedas caminar, usa el bastón. Pero nunca te detengas.”
 
 
Madre Teresa de Calcuta. 
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